En primer lugar explicar las diferencias que hacían de esta
una maratón un tanto “particular”:
La primera que era una maratón de montaña, por unos terrenos
de lo más variados, y con unas condiciones climatologicas bastante variables.
El desnivel a superar era de 2600 metros de desnivel
positivo (hay es nada).
Y por último, que si ya los 42195 metros de
distancia son durísimos de por si, aquí de “propina” había que recorrer algo
más de 44000 metros.
En las piernas dos maratones en menos de dos meses, tras la
maraton de montaña de El Escorial y la maratón de Oporto, esta era encadenar en
cincuenta días tres pruebas realmente exigentes. Después de viajar a Tenerife
(cosa que siempre es un placer), tocaba sufrir por sus abruptos senderos y
empinadas montañas.
La prueba tenia la bonita población de San Cristóbal de la Laguna como centro
neurálgico de la misma, con la entrega de dorsales el Sábado siete y la salida
y posterior meta el Domingo ocho de Diciembre.

El Domingo de la prueba se presentaba en lo climático un
tanto dudoso, porque los días previos a la disputa de la maratón, la isla
sufrió un fuerte temporal de agua y viento, lo que hizo que el terreno por
donde discurría la prueba no estuviera en
las mejores condiciones. A eso había que sumar que el día previo estuvo lloviendo por la tarde-noche y en la mañana de la carrera las nubes poblaban el
cielo tinerfeño.
Mi estado de forma el dia de la prueba, he de confesar que
era deplorable, tras un largo periodo vacacional después de correr en Oporto y
con apenas dos entrenos el último mes, todo sea dicho de paso en esos entrenos
las sensaciones fueron malísimas, y con unos diez kilos de más sobre mi peso en
forma.
En la línea de salida, el pensamiento era de acabar, aunque
sabia que el objetivo seria muy difícil de conseguir. Con los horarios de corte
bien apuntados, y estrenando para la ocasión una mochila de hidratación de
trail (cosa que fue un acierto), daban las nueve de la mañana y con ello el
pistoletazo de salida.
Los primeros metros me dejaron bien a las claras que el
nivel de los participantes era superior al que yo tenia, y sin recorrer ni
medio kilómetro me vi relegado a la última posición de la prueba, no me
importaba porque tenia las ideas claras de lo que tenia que hacer y lo que no
tenia que hacer este día.
El recorrido no daba tregua y ya al poco de salir, estábamos
en una subida bastante escarpada, por asfalto, pero ya el trote se torno
caminata para superar estos primeros metros de desnivel que solo eran una
advertencia de lo que vendría más adelante.
Los primeros kilómetros se puede decir que para mi fueron un
resumen de lo fue mi carrera en general, subidas muy fuertes con sus
respectivas bajadas, algo de asfalto, algo de barro, y tramos de tierra seca.
Al ir pasando los kilómetros fui cogiendo confianza porque veía
que las sensaciones no eran malas, y que la adaptación al terreno y al ritmo
que tenia que llevar era muy buena.
Los kilómetros pasaban, y ya no era el último, muchos de los
que salieron muy alegres estaban pagando tal osadía, y es que la montaña pone a
cada uno en su sitio. Los kilómetros caían uno tras otro y la preocupación era
que este recorrido, te reserva lo peor para la última parte de carrera. Se
puede decir que hasta el kilómetro 28, en Punta del Hidalgo había que ir
reservando al máximo, porque en este punto se llegaba al mar, y a partir de hay
había que subir a más de ochocientos metros de altura, hasta Cruz del Carmen
pasando por Chinamada.
Hasta Punta del Hidalgo llegue más o menos bien, controlando
mucho el reloj, puesto que hay estaba uno de los puntos donde te podían
eliminar si sobrepasabas el tiempo que te daban. Y hay estaba uno de los
avituallamientos claves de la carrera, porque el calor apretaba mucho y quedaba
una durísima subida por un cañón de piedra impresionante. En este, como en
todos los avituallamientos, la organización puso a nuestra disposición todo lo
necesario para que recuperáramos fuerzas: frutas, barritas de cereales, frutos
secos, agua,… y desde luego no perdí la oportunidad para comer y cargas las máximas
energías posibles.
Si en el kilómetro siete pase en la posición 481 (y último
entre todos los que acabaron la carrera) en este kilómetro veintiocho pase en
la posición 425, aunque lo realmente importante es que me sobraron unos minutos
respecto al tiempo de corte en ese punto.
A partir de aquí comenzaba otra carrera distinta, había que
descender un poco más, prácticamente hasta el nivel del mar, y sin terreno de
transición empezar la durísima subida hasta Chinamada.

La subida era de las de sufrir paso a paso, con mucho calor,
y con un desnivel muy grande. Las vistas y el paisaje precioso, pero la verdad
el avanzar se convertía en una penalidad metro a metro, de hecho había tramos
en los que parecía que ascendías más metros de desnivel que de longitud. En
este tramo, que para mi era el más duro de la prueba, vi casi de todo:
participantes que se daban la vuelta porque se retiraban, otros sentados intentando
recuperar el aliento para seguir, y hasta un complicado rescate de un participante
que tuvieron que asistir los médicos de la cruz roja.
Cuando llegue al avituallamiento de Chinamada en el
kilómetro treinta y tres, que decir el oasis en desierto, en cinco kilómetros
bebí casi dos litros de agua con lo cual había que rellenar la mochila, comer
algo y desgraciadamente seguir subiendo porque el reloj avanzaba sin parar por
nadie.
Otros cinco kilómetros de subida hasta Cruz del Carmen, muy diferentes a los previos, por un
terreno menos escarpado y con una vegetación impresionante, pero casi igual de
duro porque la paliza era ya tremenda.
En el último avituallamiento del kilómetro treinta y ocho, comer
algo y a seguir rápidamente, porque con el tiempo que llevaba en ese punto,
llegaria fuera de control a meta.
El descenso era bastante técnico en algunos tramos, y el
terreno estaba resbaladizo, lo cual me hizo patinar en más de un sito, pero
solo quedaban seis kilómetros y había que completarlos como fuera.
Tras el descenso una subida que me sirvió para seguir
remontando posiciones, ya digo el puesto es lo de menos pero siempre gusta
adelantar y que no te pasen a ti. Y tras esa subida último descenso hacia la
meta, con el sabor en la boca del esfuerzo recompensado con otra maratón
acabada con éxito, kilómetros finales que compensan a todo el dolor de piernas
de los kilómetros previos.
El último kilómetro en llano ya en San Cristóbal de la Laguna, con un público
entregado a los corredores, hasta la policía municipal animaba, momentos en los
que me emocione, porque para un corredorcillo como yo que te animen con esa
entrega es precioso. La emoción fue en aumento al ver el bonito montaje que
habían preparado en meta, con incluso el speaker animándome.
Antes de pasar por meta me pare a abrazar a Rosa, que allí
estuvo horas y horas esperándome para recibirme con la mejor de sus sonrisas, y
es que otra maratón que acabamos con éxito, ya sabes, yo pongo las piernas y tu
el corazón, otra más.
Tras pasar la línea de meta, medalla y generoso
avituallamiento para recuperarnos lo mejor posible, un diez para la organización,
en un recorrido donde no es fácil poder atendernos como lo hicierón.
Cifras finales; tiempo final 8h00m02s, en el puesto 355º de
la general.