Tras pasar una de mis peores épocas (deportivas claro esta), pensaba que la pasada maratón de Roma seria mi última carrera de larga distancia. Entrenando con dolores, poco para conservar la rodilla y con miedo de que las molestias en la tibia fueran a más.
Así las cosas y con el único objetivo de acabar, elegí esta carrera como una oportunidad para correr una maratón distinta a las que había corrido anteriormente, una maratón por carreteras, sin ninguna animación, con poco más de cien participantes, en definitiva una maratón diferente.
Que era diferente lo notamos desde el sábado previo a la carrera, en una "feria del corredor" sin duda y con diferencia de las más tristes que he visto nunca, y es que puedes hacer una entrega de dorsales modesta, sin necesidad de grandes despliegues, pero lo que no deberías es organizar un evento de este tipo y el encargado de entregar los dorsales para la maratón que sea un señor de lo más desagradable que te puedas hechar a la cara, que me den el chip y no me digan que puedo comprobar si funciona o no y tenga que buscar donde lo puedo comprobar y comprobarlo yo, que nadie me diga que dan una camiseta y tengo que pedirla a ver si me la dan, y es que para mi sin duda ya no es cuestión de dinero, ni medios ni nada, simplemente es falta de ilusión y falta de ganas por hacer de este evento, un evento al que tengas ganas de volver en otra edición.
Desde luego con la preparación escasa que había llevado a cabo las semanas anteriores, el único objetivo que tenia para esta carrera era poder terminarla en menos de las cinco horas que ponia como tope la organización, ya con eso me daría más que por satisfecho.
Pues con esa idea empezaba lo que podía ser mi quinta maraton, poco a poco, sin prisas, marcándome desde el principio un ritmo cómodo. Los primeros kilómetros eran por carreteras llanas sin ninguna dificultad, las sensaciones muy buenas e iba a unos cinco treinta el kilómetro. Del km cinco al diez el paisaje cambiaba y se recorría una zona salpicada de urbanizaciones, con una sucesión de subidas y bajadas que poco a poco desgastaban las fuerzas.
En el paso por el kilómetro diez pase en cincuenta y cinco minutos, con muy buenas sensaciones, pensando que podía acabar en menos de cuatro horas. Crecido y como digo bastante bien, seguía ya camino de la media maraton, pero antes paso por el km quince, con una subida y ya en la parte más alta del circuito unos kilómetros paralelos a una autopista. Ya por ese paso por el km quince se bajaba progresivamente a la "zona urbana" del circuito, y tras unos kilómetros por el paseo marítimo de Calviá se llegaba a la zona de salida/meta para empezar la segunda vuelta.
Al comienzo de la segunda vuelta, lo que había sido un goteo continuo de corredores se convirtió en la soledad casi absoluta, porque los participantes en la media maraton eran mayoría, pero al paso por el ecuador de la maraton marcaba una hora y cincuenta y cinco minutos, y desde luego bajar de cuatro horas era una posibilidad cada vez más real.
Al llegar al km veinti siete entrabamos en la zona más dura del circuito y fue en ese momento donde las fuerzas me empezaron a abandonar, bajé el ritmo a seis minutos el kilómetro, suficiente para bajar de cuatro de horas. Pero ese fue el comienzo de un calvario que logre aguantar hasta el km treinta y cuatro donde no podía más, y por primera vez en más de cincuenta carreras tuve que parar y ponerme a andar.
Desanimado y bloqueado después de andar unos metros me vi obligado a parar, y tras varios intentos por seguir corriendo al llegar al kilómetro treinta y cinco tenia decidido retirarme.
Fue uno de los peores momentos que he vivido en una carrera, hundido, sin fuerzas, destrozado. Tras unos minutos sentado en el suelo y perder varias posiciones (entre ellas me paso la tercera clasificada femenina) que desde luego era lo de menos, decidí continuar unos metros al siguiente avituallamiento el del km treinta y cinco y medio, cogí una botella de agua, seguí andando y me tome un gel que me vino de maravilla.
Milagrosamente recuperado retome la carrera a cinco kilómetros del final, las cuatro horas eran imposibles, pero el objetivo inicial de terminar era posible y lo podía conseguir.
Ya lo de menos era el tiempo, lo importante era llegar a meta, con la carretera a favor y con las fuerzas recobradas logre recuperar alguna posición, y tras pasar a la tercera mujer, llegaba a las inmediaciones de la pista de atletismo de Calviá.
Al entrar en la pista de atletismo tenia sentimientos muy distintos, decepción por no haber seguido el buen ritmo inicial, y alegría por acabar mi quinta maraton.
Final con un crono de 4:20:37, lo dicho con sabor agridulce en el momento de llegar.
Pasados unos días me queda el orgullo de acabar una maraton más, y en esta ocasión y por las dificultades una maraton muy especial. Ahora estoy seguro que no sera la última.

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