Por fin llego el día “D”, si que es cierto que llegaba con
pocas dudas de poder acabar, puesto que escasamente quince días antes había
sido capaz de completar una maraton de montaña, pero alguna duda si que tenia,
puesto que hacia más de un año que no corría una maratón de asfalto, y en este
tiempo no había corrido nada, de hecho solo había participado en dos carreras
previas antes de esta maratón. Pero la verdad es que había entrenado bien, a
conciencia, y tenía las ideas y el objetivo claro: acabar por encima de todo, y
para ello disponía de seis horas.
Día fresco pero con un sol maravilloso, para una jornada que
se presentaba por lo menos para mi histórica, tenia la oportunidad de completar
la que yo considero mi mejor temporada deportiva, pero bueno eso seria si acababa, seria la
guinda a un gran “pastel”.
A las nueve se dio la salida y ya desde el inicio puse el ritmo
que creía poder llevar hasta el final, unos seis minutos el kilómetro, la
primera parte se corrió por zonas de oficinas y áreas residenciales, lejos del bullicio
de la zona céntrica. Esa parte inicial fue muy cómoda, con algún repechito pero
en general muy buena para correr, por amplias avenidas que se agradecían porque
éramos muchos corriendo al mismo ritmo.
Poco después del kilómetro cinco se pasaba por la zona que
posteriormente seria la meta, y mi cabeza ya empezaba a pensar lo que seria
acabar otra nueva maratón… pero aun quedaba prácticamente toda la carrera.
En el kilómetro cinco se iniciaba un descenso hacia el océano
Atlántico, y una vez en la costa se tomaba rumbo norte hasta el kilómetro diez.
Al paso por el diez buenas sensaciones y rodando ligeramente peor del horario
que me había marcado; 1h00m20s justamente a 6m02s el kilómetro, bien pero
difícil pensar que podía seguir a ese ritmo toda la carrera.
Poco antes del quince estaba el desvio para los que corrían
la carrera corta, el desvio que seleccionaba los valientes de los que salen a
correr sin más, los que acababan en breve de los que aun les quedaba el grueso
del recorrido. Lo que podríamos denominar el punto de no retorno, de hay a la
gloria que significa completar una maratón o por lo menos el haberlo intentado.
Dejábamos atrás el gran océano para ir “Duero arriba” con
sus magníficos puentes en el horizonte, mientras corremos varios grupos musicales
animan la carrera tocando incansablemente, colocados estratégicamente cada
varios kilómetros, un gran acierto por parte de la organizacón.
Los kilómetros pasan y asi llego al veinte, 2h00m22s,
seguimos rodando bien incluso un poco mejor que los diez kilómetros iniciales,
siempre he considerado que la primera media maratón es un aperitivo de lo que
viene por delante, y con esa idea me limite a rodar dejándome las mínimas
fuerzas posibles por el camino.
A partir de la media Maratón venia la parte más bonita, con
más público y más bella de la ciudad. Un lujo correr por la ribera del Duero,
cruzar el histórico puente de Luis I, o correr por debajo del puente do
Arrobido, si bien es cierto fue una de las partes más difíciles teniendo que
superar fuertes desniveles, cortos pero duros, y teniendo que correr por zonas adoquinadas con la incomodidad que eso supone.
Al cruzar de nuevo el puente de Luis I pase el peor momento
de la carrera, momento de crisis total con un dolor en el costado tipo flato
que casi me obliga a parar, pero baje un poco el ritmo y me fui poco a poco
recuperando. Pasados esos momentos volvi a recuperar mi ritmo, siempre con
miedo de que ese fuerte dolor no se reprodujera de nuevo, y es que en una
prueba tan larga siempre tienes momentos de todo tipo desde ir pletórico hasta
momentos que te quieres retirar, pero eso también forma parte de la mística de esta
prueba mítica.
Kilómetro treinta y cinco, y cada vez más complicado seguir
dando zancadas, el GPS me decía que seguía rodando a buen ritmo, pero el cuerpo
y la cabeza luchaban por seguir corriendo pero cada vez con más dificultad. A estas alturas la gran mayoría de
maratonianos completaba los últimos kilómetros andando como podían, pero yo me
aferraba a las pocas fuerzas que me quedaban, luchaba contra la fatiga y el
dolor, parece una batalla y así es, estos últimos kilómetros son para vivirlos.
Lo que me costo llegar al kilómetro cuarenta, parecían
kilómetros de bastante más de mil metros, pero pase marcando 3h59m29s, mis
mejores diez kilómetros, desde luego en el reloj porque yo iba realmente
muerto. Después del cartel de los cuarenta kilómetros giro a derecha
abandonando la cercanía del mar, para atacar una larga recta en subida que nos llevaba
directos a la meta.
En los últimos metros se hacia un pasillo humano con publico
animando generosamente, que momentos, especialmente al ver a Rosa fui a
saludarla porque otra vez más hemos acabado otra dura prueba, otro éxito para
los dos.
Al pasar por el arco de meta, que decir otra maratón más, el
más difícil todavía… sin palabras, y para celebrarlo me dieron una botella de
vino de Oporto, la medalla y la camiseta de finisher.
Vaya maratón bonita esta de Oporto buen día, bonito
recorrido, avituallamientos correctos y todo bien organizado. La guinda a una
temporada que para mi ya es la mejor de todas las que he completado practicando
deporte. Algunas de las marchas cicloturistas más duras del calendario nacional
consiguiendo muy buenos resultados, un duatlon, mi primera maratón de montaña y
otra maratón de asfalto para el zurrón no puedo pedir más después de lo que
pase el año pasado.
Mis cifras finales; 4h12m21s a 5m59s el
kilómetro, en la posición 2060 y el 381 de mi categoria.

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